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Adriano
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I. Una vida completa de complicaciones
Con Trajano y Adriano se manifiesta Roma en toda su magnificencia, hasta el punto de
identificarla territorialmente con la Europa contemporánea y culturalmente como base
de la civilización occidental. Se complementó con las aportaciones del cristianismo que
reveló al hombre las ideas de libertad y dignidad que la hizo, entonces, identificable y
única frente a otras comunidades.
Adriano es un hombre que siempre ha levantado pasiones, a favor y en contra. No puedo
pasar por alto este hecho que no concurre con esta intensidad en otros emperadores.
La interpretación detallada de sus vivencias en su niñez, en su juventud, en su edad
adulta… hasta alcanzar los laureles del imperio, se encuentra repleta de anécdotas, de
intrigas, de intrusismos y, en alguna medida, de fabulaciones e inexactitudes. Juicios
subjetivos de autores históricos que han generado una bruma que oculta la verdad de
los hechos o, en todo caso, su precisión.
No nos encontramos ante un Claudio, calificado por su familia como «caricatura de
hombre y aborto de la naturaleza». Aquejado de tartamudez, de cojera, de debilidad,
decían… fácilmente influenciable, repudiado cuando no escondido a los demás. Cuya
hermana Livila ante los rumores de ascenso a la silla imperial: «comparecía al pueblo
romano si le está reservado tan infausto destino».
Poco o ningún interés despertó y poco o nada importó su vida. No tenía enemigos
entonces y las tretas y maquinaciones para impedir su ascenso al trono no existieron.
Sin una educación específica para regir el imperio por decisión familiar, encontró a Tito
Livio, quien lo educó en historia. Logró un gran dominio de esta disciplina. Sin embargo,
fue nombrado emperador con comodidad, sin sufrir la lacerante envidia ni los venenos
derramados por otros pretendientes.
Nada de esto ocurre a Adriano. Todos sabían su parentesco con Trajano, y su ascendencia
con él por distintos motivos, como veremos. Su vida fue una constante lucha contra
muchos que impedían su natural destino en Roma.
Acerbos odios o generosas adulaciones. Las fuentes históricas pueden no ofrecer una
imagen objetiva porque posiblemente adolezcan de una cierta contaminación
emocional.

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Como ocurre con cierta frecuencia, cuando las fuentes primarias no son ecuánimes,
debe tomarse todo con cierta relatividad, despojar a los sustantivos del aparato adjetivo
y aplicar las reglas de la lógica.

II. Nacimiento y padres adoptivos
Imperator Caesar Divi Traiani filius Traianus Hadrianus Augustus, conocido como
Adriano, y desde el año 123 como Adriano Augusto, estuvo investido bajo la púrpura
imperial durante los años 117 a 138. 21 años de una gobernación que fue de menos a
más. Del escepticismo ocasionado por una adopción por Trajano, cuestionada, a ejercitar
una gestión pública racional y óptima: redujo gastos públicos y mantuvo la paz: en el
exterior, limitando las guerras contra los bárbaros; en el interior, potenciando el derecho
y protegiendo la seguridad jurídica.
Adriano nació en Italica, término municipal de Santiponce, Sevilla, el 24 de enero de 76,
durante el séptimo consulado de Vespasiano y el quinto de Tito. Su abuelo Marulino fue
senador. Su padre, Elio Adriano, era primo hermano, por vía materna, del emperador
Trajano. Su madre, Domicia Paulina, nació en Gades (Cádiz) con lo que su familia era
plenamente hispana o española, como se acostumbraba a escribir en los viejos libros de
historia. La hermana de Adriano, Paulina, casó con Julio Ursus Serviano, hispano de
origen, senador y cónsul.
Con 10 años, Adriano pierde a su padre y lo toman como protegido, el primo hermano
paterno, el emperador Trajano – Esparciano nos cuenta que lo tomo por hijo- y un
caballero de Roma, Celio Atiano. Instruido en ciencias y humanidades, se cree sin duda
que se educó en colegios de Gades, Hispalis y Corduba, pudo ser uno de sus maestros
Moderato de Gades.
Posteriormente, ejerce distintos cargos públicos para instruirse en temas de gobierno.
Prestó servicios como decenviro en una comisión de los decemuiri stilibus iudicandis,
que atendían las reclamaciones sobre temas de libertad. En sus tareas jurídicas encontró
la ayuda de su amigo Neracio Prisco.
En el año 100 contrae matrimonio con una sobrina nieta de Trajano, también prima suya,
Vivia Sabina. Fue un matrimonio tormentoso en donde, como apunta Tacchini, la mujer
puso todo su ahínco para no dar a luz un heredero. Según el historiador Mario Máximo,
la unión no fue deseada por Trajano. Y para Montanelli, fue un matrimonio respetable y
frío, del que no nacieron ni amor ni hijos.
Ejercicio como tribuno de la Legio II Adjutrix, una legión de infantería pesada con
caballería ligera con 5120 infantes y 120 jinetes. Fue después curator ab actis senatus

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o actorum senatus, encargado de la redacción de las actas del Senado custodiadas en el
Erario.
Acompañó a Trajano en la primera guerra contra los dacios. Fue nombrado tribuno de la
plebe en el 105 bajo el segundo consulado de Cándido y Quadrado.
Marchó junto al emperador en la segunda campaña contra los dacios, y recibió el mando
de la Legio Minerva, legión de infantería pesada con 6.000 legionarios. Las operaciones
llevadas a cabo fueron brillantes y así constan, como privilegio, en la columna de Trajano
en Roma. Solo las hazañas de cuatro legiones se esculpieron en este monumento.
Bajo el segundo consulado de Sura y Serviano fue nombrado pretor.
Enviado a Panonia (extensión territorial que comprende hoy parte de los países de
Hungría, Croacia, Eslovaquia y Austria) como legado pretoriano, su victoria sobre los
sármatas le valieron el nombramiento de cónsul. Este segundo nombramiento confirmó
su esperanza de ser elegido heredero.
Desempeñó el cargo de legado en Antioquia (Siria) en el año 117.
III. Los augurios
Se recogen en los textos históricos muchas referencias a los augurios que recibió
Adriano en distintos momentos de su vida. Todos ellos confirmaban su destino imperial.
El elemento profético confiere una cierta solemnidad a lo futurible deseado, anhelante
de un suceso, aunque puede no suceder nunca.
Muy joven, su tío Elio Adriano, amante de la astrología, le vaticinó su destino como
emperador. Pasado un tiempo y ante la incertidumbre que sentía, consulta las suertes
virgilianas. Otros autores comentan que fueron los libros sibilinos los que le revelaron su
destino. Y otros hay que confirman que la esperanza de ser emperador la concibió por
una inspiración recibida en el templo de Júpiter Capitolino, en Pérgamo, hecho
mencionado en los libros del filósofo platónico Apolonio Livio.
En otra ocasión, nombrado tribuno de la plebe bajo los consulados de Cándido y
Quadrado, tuvo el presagio del perpetuo tribunado, solo ostentado por los emperadores,
dado que perdió la pénula, prenda usada para protegerse de la lluvia por los tribunos,
pero no por los emperadores. Hoy pueden pasar como hechos sin mayor repercusión e
importancia, pero en la mentalidad antigua las casualidades siempre encerraban un
mensaje.
Concurren otros sucesos que potenciaron la esperanza de Adriano. En la segunda guerra
contra los dacios, en recompensa por los brillantes servicios, Trajano le obsequió con
una piedra de brillante que había recibido del emperador Nerva. Este hecho constituía
una antigua costumbre que designaba al sucesor. Fue iniciada por Augusto, como escribe

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Dion Casio en su Historia de Roma, quien entregó su anillo a Agripa, indicando con este
gesto, que sería su sucesor.
A pesar de todo ello, lo decisivo para su convencimiento, fue su segundo nombramiento
como cónsul.
IV. Las maquinaciones
Durante su vida sufrió las acechanzas de muchos que intentaron cercenar su afinidad
con Trajano para obstaculizar su ascenso al trono. Unos pocos hechos de los constatados
por autores muestran esta faceta poco conocida.
Julio Ursus Serviano, cuñado de Adriano, previno a Trajano de las deudas y gastos que el
joven había adquirido en los campos de batalla. Impidió, cuando se encontraban en
Germania, que fuera Adriano quien comunicara la muerte de Nerva a Trajano y su
ascenso al trono.
A tal fin averió su carruaje para frustrar su viaje, pero Adriano alcanzó su cometido a pie
adelantándose a los emisarios enviados por Serviano. Esparciano nos comenta que era
capaz de viajar unos 32 km completamente armado.
No fue la única dificultad que asumió.
Escapó de un atentado durante un sacrificio organizado por Cayo Avidio Nigrino, elegido
por Adriano para que le sucediera, junto a Lusio y otros descontentos.
El maestro de los pajes de Trajano, que gozaba de la confianza del emperador, obró para
enemistarlos por indicación de Severiano Galo, antiguo amigo de Adriano, referencia que
ha sido cuestionada por distintos autores por considerarla corrupta.
V. La polémica de la adopción
Sin hijos, Trajano no designó a su sucesor. Xifilino confirma con rotundidad esta
circunstancia y Elio Esparciano no presenta discordancias relevantes. De hecho, se
conocía la voluntad de Trajano para designar como sucesor a Nerecio Prisco, un senador
y militar romano. Incluso llegó a decirle: Si me ocurre alguna desgracia te confío las
provincias.
Palabras pronunciadas, es posible, pero se desconoce el contexto en donde se dijeron y
no consta escrito alguno que recoja esa voluntad. Hipótesis muchas, realidades pocas y
es que los prejuicios alentados por la turbidez de las pasiones nublan la verdad de las
palabras.
Antiguos glosadores han dejado escrito la voluntad del emperador de imitar a Alejandro
de Macedonia: morir sin dejar sucesor; o bien proponer al Senado la elección de su

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heredero escogido entre los designados en un documento. Incluso se llegó a decir, que
la elección de Adriano fue un ardid de Plotina. Teorías todas recogidas por Elio
Esparciano…
Cuando Trajano agonizaba, a causa de su enfermedad en Selinunte, en Cilicia (Turquía),
la emperatriz prohibió la entrada en los aposentos reales a cualquier persona. Solo ella,
Publio Acilio Atiano, caballero romano amigo del padre de Adriano al servicio de la
emperatriz y el asistente personal de Trajano, presenciaron – se supone- el trance de su
muerte.
Stewart Perowne mantiene que, puesto que Trajano no podía escribir por la parálisis
ocasionada por su enfermedad, sería posible que los documentos de la adopción de
Adriano tuvieron que ser firmados por Plotina.
La razón de esta sospecha arranca de la conjuración de varios senadores, afines a
Trajano y a sus ideas expansionistas, contra la vida de Adriano: Lusio Quieto, general
romano y gobernador de Judea; Aulus Cornelius Palma Frontonianus, senador romano y
gobernador de la Hispania Citerior; Lucio Publilio Celso, senador y Gayo Avidio Nigrino,
político y militar, abuelo del futuro emperador Lucio Vero. Todos ellos fueron ejecutados
por el Senado, se cree que por incitación de Publio Acilio Atiano.
Nigrino fue ejecutado en Favencia; Celso en Bayas, Lusio encontrándose en camino y
Palma condenado a muerte en Terracina. Un suceso que marcó la memoria de los
romanos y que siempre fue reprochado al emperador.
Heinrich Graetz, nos dice que solamente la rápida acción de Adriano y de sus seguidores,
apoyado por Plotina, impidió a Lusio Quieto ser aclamado como emperador. Desde
luego, si no hubiese tenido el apoyo de Plotina y sus allegados, Adriano no hubiera
podido acceder al trono. Es justo reconocer este hecho dada la concurrencia que existía
para ocuparlo y la imposibilidad de Adriano de controlar todas las conspiraciones, dado
que se encontraba en el ejército cumpliendo con su deber en el conflictivo territorio de
Siria.
VI. Ascenso a la silla imperial.
Adriano recibió su adoptio o carta de adopción el quinto día de los idus de agosto, es
decir, el 9 de agosto de 117, cuando se encontraba como legado en Siria (Antioquia).
Conoce la noticia de la muerte de Trajano dos días después, el 11 de agosto. En ese
momento es considerado como emperador por las legiones allí destinadas, aunque no
hubo tiempo y no era el lugar para ser investido por el Senado. Este hecho debe tenerse
como excepcional, puesto que la tradición imponía ser proclamado por el Senado. Este
requisito fue subsanado mediante una carta de Adriano que imploraba comprensión por
la urgencia de nombrar a un emperador tras la muerte de Trajano y gobernar a un pueblo
cercano a los 80 millones de personas.

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VII. Semblante
Es descrito como un hombre bien parecido, de cabellos rubios y ojos claros que todos
los romanos, como nos comenta Montanelli, quisieron imitar. Inteligente, cultivado,
buen legionario, hombre de acción y amante de la conversación. En la obra De
Caesaribus atribuida a Aurelius Victor, es definido como Varius, multiplex, multiformis.
Hay otras definiciones más favorables.
Se dejó la barba, hecho hasta la fecha inédito, pues todos los emperadores se rasuraban
diariamente. Sentía afección por los estoicos y esta inclinación pudo modelar su modo
de gobernar y … su querencia a la barba. Aunque Montanelli estima que poco le afectó
estas inclinaciones estoicas, el hecho de considerarse prescindible, de no querer ser
hombre providencial, aunque sí hombre clemente, denotan una inclinación hacia esta
filosofía de vida.
Evitó ser una figura fatua, de continua presencia en todo. Rechazó sentirse necesitado y
anhelado por todos. Fue discreto y comedido, dentro de lo que son los usos normales y
contexto de la época, elementos que denotan una elegancia natural en su forma de
comportarse. La elegancia es el aroma de la armonía.
Como hecho que aquilata su integridad, cuando Adriano, ya emperador, entró a Roma
victorioso por el triunfo de Trajano en Mesopotamia, hizo llevar en el desfile triunfal una
estatua de Trajano porque suya había sido la victoria.
Pasó largas ausencias de Roma visitando e inspeccionando las provincias y sus servicios,
civiles y militares. Sus viajes por provincias le llevaron 11 años.
Poseía el ansia del orden y la virtud de la eficacia, un afán de perfeccionamiento que solo
se encuentra en aquellos que se entregan decididamente a la patria. Estas notas de su
carácter motivaron un cambio en muchas cosas en múltiples aspectos y disciplinas. Sin
embargo, ello tiene como consecuencia la rémora de la hostilidad, siempre, pues rompe
la costumbre, los hábitos y las rutinas, engranajes sobre los que transita la vida cotidiana
de los hombres comunes.
Fue un cosmopolita que rechazó la política de Roma en favor de una política de las
provincias.
Conocedor de la importancia de la religión en la sociedad, como ya detectó Augusto y lo
puso en práctica, no permitió ofensas públicas contra ella. Cuando ejercía como Pontífice
máximo de la religión romana, se ajustaba plenamente a su cometido sin permitir ningún
sentimiento de escepticismo o relajamiento de las costumbres.
Viajaba mucho y viajaba de incógnito, era como cualquier peregrino, sin aparataje. Lo
acompañaba un séquito integrado por técnicos, arquitectos, ingenieros y obreros. Viajes
de inspección y de conocimiento en persona. Ordenaba la construcción de puentes o

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vías, nombraba o destituía a cargos según los méritos o la falta de ellos y acicalaba las
ciudades para mejorar su aspecto.
No inscribía su nombre en los monumentos que levantaba, aunque sí le placía ponerlo
en las ciudades que fundaba. Los monumentos son más efímeros que las ciudades, un
dato que indica su inteligencia, aunque todo está sujeto al imperativo del tiempo.
Estricto tradicionalista del antiguo orden romano, no simpatizaba con la negligencia, la
incompetencia y la frivolidad, como nos ilustran Fikret Yegül y Diane Favro.
VIII. La uniformidad del Edicto frente al caos legal
Obró una simplificación del Derecho existente hasta aquellos días. En esta tarea fueron
decisivas las aportaciones del jurisconsulto Juliano, que codifico el Derecho, en el
llamado Edicto Perpetuo, conocido en latín como Edictum perpetuum praetoris, en el
año 129.
La codificación dejó una huella profunda en la ordenación jurídica futura. El Edicto
Perpetuo supuso la organización, clarificación de un todo jurídico inabarcable y fallido,
retorcido y absurdo en muchas disposiciones, en donde el tiempo se paralizaba por lo
indescifrable de cualquier actuación.
No era la sistematicidad normativa una cualidad destacable.
El Edicto Perpetuo fue reconstruido por Otto Lenel en 1883. Junto a un Edicto general,
concurrían varios edictos con modelos de fórmulas referidas a agravios personales,
escarnio público, atentados al pudor de una mujer honrada o de un impúber, entre otras
acciones.
Confirió preferencia a la legislación imperial, especialmente a los rescripta y epistulae.
Los rescripta eran una modalidad de constitución imperial que recogía la voluntad del
emperador sobre puntos jurídicos controvertidos a petición de las partes en un conflicto.
La voluntad del emperador se impone de modo preferente y evita analizar si esa
voluntad se exteriorizaba a través de edicta o decretum. Adriano estableció las fuentes
del Derecho colocando a los rescripta como fuente del derecho, preferente a la
jurisprudencia, dado su carácter centralista.
Promovió la publicación de leyes contra la corrupción y la barbarie ejercitada en el
comercio de esclavos; prohibió los sacrificios humanos y los baños públicos mixtos, de
hombres y mujeres.
Modificó la Administración del Imperio, designó como funcionarios a los equites u ordo
equester, caballeros romanos, colocados en las distintas áreas funcionales dependientes
directamente del emperador.

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Ofreció una carrera administrativa, un cursus honorum, como derecho para promocionar
en su carrera administrativa, un salario y un rango, como expone Torrent.
Se crearon nuevos puestos públicos, como el legati Augusti pro praetore, inspeccionaba
el gobierno de las provincias; el legati legionis, administraba el mando de las legiones;
el praefecti praetorio, jefe de la guardia imperial y encargado de entender en asuntos
civiles y criminales; el praefectus urbi, que representa al príncipe en su ausencia y
detenta la jefatura de policía de la ciudad; el praefectus vigilum, coordina las funciones
de vigilancia, especialmente nocturna, entre otros …
Institucionalizó el consejo del príncipe con la consiguiente reestructuración de la
cancillería imperial.
Otros aspectos destacables en su legislación son el reconocimiento a la mujer de la
capacidad de testar, así como el derecho de suceder a sus hijos.
Determinó que las herencias de los reos pasaren a poder de las arcas públicas. Redujo el
número de recaudadores, eliminó los intermediarios en el cobro de tasas y persiguió a
los evasores cuyo capital se integró en el Tesoro público. Permitió que los hijos de los
delincuentes cobrasen, al menos, una doceava parte del caudal hereditario. Permitió
heredar a los hijos ilegítimos de los soldados. No aceptó legados de desconocidos, nunca
de nadie a quien sobrevivieran sus hijos.
Frente a las denuncias de las autoridades provinciales contra los cristianos, mantuvo las
normas dictadas por Trajano, prohibiendo las denuncias falsas y exigiendo un juicio con
todas las pruebas.
Bajó la presión fiscal, lo que estimuló el consumo y provocó una etapa de prosperidad
económica.
Quedan, para la historia del Derecho, dos leyes importantes: La Lex Adriana de rudibus
agris, que obligaba a obtener rendimiento de las tierras para producir alimento y la Ley
olearia, conocida por su edición IG. II, número 1100, en donde se detallan normas para
el suministro de aceite.
En Cástulo (Linares, Jaén) se conserva la cabecera de un rescripto sagrado sobre el aceite,
lo que prueba que Adriano se ocupó de la producción de aceite en el sur de Hispania.
IX. Política exterior.
Nada más tomar el poder adoptó una política que difirió radicalmente de la mantenida
por Trajano. Su aportación fue mantener la paz de modo prioritario.
No podría definirse con lo que se entiende hoy como pacifista, sino una consecuencia de
la sabiduría griega en aplicación de la idea de equilibrio. La andreia- la virtud de superar

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los obstáculos y miedos que nos presenta la vida, con la eubouia – la búsqueda de
consejos necesarios y precisos para actuar con prudencia -.
El fragmento filosófico que fundamentó este criterio fue: «La mayoría defiende lo suyo
y no quiere lo ajeno con peligro». La andreia y la euboica perseguían una finalidad, y era
la búsqueda del bien, no otros fines distintos.
La decisión fue clara y sin vacilaciones. Adriano asumió una política ajustada a consolidar
un imperio sumido en interminables guerras: los mauritanos incrementaban los ataques
en África, los sármatas excitaban a la lucha; los británicos oponían resistencia; Egipto era
un hervidero de sediciones y los territorios de Libia y Palestina presagiaban intenciones
belicosas.
Abandonó todas las conquistas alcanzadas por Roma más allá del Tigris y del Éufrates y
concedió la libertad a los habitantes de Macedonia. Apartó a Parthamasiris del trono
de los partos, pues no era reconocido como tal.
Abandonarse a las ansias expansionistas de Trajano suponía embarcarse en una serie sin
fin de conflictos, ahogarían al Imperio por los gastos ingentes de mantener múltiples
legiones en combate en distintos puntos de un imperio acosado por bárbaros con ánimo
de destruir a Roma. Ese fue el motivo por el que sustituyó a muchos consejeros de
Trajano, como Lucio Quieto, jefe de la caballería integrada por mauri, procedentes del
norte de África , y Sulpicio Similis.
Aparecieron otros consejeros con ideas distintas como Marcio Turbo y Septicius Clarus,
amigo personal de los historiadores Suetonio y Plinio El Joven. Con todos ellos alcanzó
una gran estabilidad en el gobierno, antecedente necesario de sus objetivos.
Sin embargo, los acontecimientos venideros truncarían esta vocación al tener que
intervenir decisivamente en algunos puntos del Imperio.
En Reino Unido construyó un muro desde Wallsend on Tyne, cerca del mar del Norte,
hasta Bowness on Solway, en el mar de Irlanda. Marcaba la frontera entre la Britania
romana y la Caledonia no conquistada, al norte, en donde habitaban tribus indómitas
como los pictus y vikingos.
Tuvo una longitud de 117.5 km . Era de 3 m de ancho y de 5 a 6 m de alto. El muró
comprendía un foso, una muralla, una vía militar y un vallum, foso con montículos
adyacentes. Lo complementaban castillos miliares con dos torretas entre cada uno y una
fortificación cada cinco millas romanas(una milla romana equivale a 1481 m) . La muralla
data del año 118 y fue defendida por romanos de todas las provincias hasta el s. V.
cuando el imperio colapsó. En 1987, fue catalogado por la Unesco, Patrimonio de la
Humanidad.

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Como hechos de guerra más sobresalientes, debe citarse la intervención militar en Judea
en el año 134, en donde sus gentes aspiraban a expulsar a los romanos de sus tierras –
hecho que no era nuevo- aunque no se conoce con certeza el origen de esta rebelión. La
literatura rabínica expone como causa la persecución a que fueron sometidos los
hebreos, que les provocó miedo y promovió la apostasía. Se habla también que fue
motivada por la prohibición romana a la circuncisión, pues Adriano aborrecía la
mutilación y parece ser que equiparó a ambas. Además, existía la voluntad de helenizar
todo el territorio, ideas que muchas de ellas se oponían a las judías monoteístas.
Otros autores defienden como hipótesis que la causa de la revuelta fue la voluntad
romana de edificar un templo a Júpiter en Jerusalén. Posiblemente, fueron muchas las
causas que enervaron al pueblo judío desde lo más profundo de su espíritu como eran,
sin duda, su religión y sus creencias.
La nación se levantó acaudillada por Bar Kokhba, aclamado como Mesías por el rabino
Akiva ben Yosef quien le dio el sobrenombre de Hijo de la Estrella. Kokhba adoptó el
título de príncipe.
Atacaron a la Legio XXII Deiotoriana, destinada en Judea. Esta Legio fue creada en el año
48 a. C. con el nombre de un dios galaico. La integraban 12.000 legionarios y 2.000
jinetes. Cicerón escribió que estaba dividida en treinta cohortes. Consecuencia de su
derrota desapareció para siempre, como era costumbre militar para las unidades
malogradas. Aunque, según Peter Schafer, «La desaparición de la Legio XXII Deiotariana
en relación con la revuelta de Bar Kokhba es incierta y generalmente no se acepta como
un hecho».
La realidad es que la unidad militar como tal no apareció en ninguna otra crónica tras la
revuelta de Judea. Una inscripción citándola se borró de la piedra y quizás se deba a una
damnatio memoriae por la derrota sufrida. Sea como fuere, el nombre de la Legio XXII
nunca más se transcribió en ninguna superficie.
Los sediciosos acuñaron su moneda con la leyenda: «Año 1 de la liberación de
Jerusalén».
Estos acontecimientos motivaron que Adriano se personara en Judea y convoco de
inmediato al gobernador de Britania, Cayo Julio Severo. Acudió con la Legio X Fretensis
y tropas danubianas, en total, unos 20000 legionarios. Esta unidad militar se
caracterizaba por ser capaz de disparar piedras de unos 25 kilos a una distancia de 400
m o dos estadios. Esta Legio X intervino en la primera guerra de Judea durante los años
66-73.
Los sucesos bélicos fueron intensos y fieros y se desarrollaron durante los años 132 a
135. Adriano se retiró de la batalla y regresó a Roma, dejando al mando a Cayo Julio
Severo.

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Vencidos los sediciosos y su caudillo Bar Kokhba, se destruyó toda la ciudad y se levantó
otra en su lugar, en donde se edificaron monumentos a las deidades romanas. Con esta
actitud constructiva se violaba abiertamente las prescripciones del Antiguo Testamento.
Cambió el nombre de Jerusalén por el de Elia Capitolina. También se suprimió la
provincia de Judea que se fusionó con la de Siria-Palestina. Se prohibió incluso a los
hebreos girar la vista hacia el lugar en donde estuvo la antigua ciudad.
Muchos judíos marcharon a España, y acrecentó su número con los que llegaron en
tiempos de Tito. Las vinculaciones de Judea con España son antiguas y profundas porque
están cinceladas en lo indeleble de la historia.
X.Adriano en España.
Como emperador visitó Hispania, y convoco a los colonos a una asamblea en el año 122
en Tarraco para dirimir los conflictos surgidos por un reclutamiento excesivo de soldados
en suelo hispano. Al no celebrarse en la Bética molestó a sus paisanos que no acudieron
a la convocatoria.
En Tarraco restauró el antiguo templo de Augusto y comprendió los halagos que el poeta
Floro vertió sobre esta ciudad, en donde vivió algunos años impartiendo la disciplina de
retórica.
Tarraco siempre atrajo a los emperadores por la calidez de sus gentes, su clima benigno
y su enclave estratégico. La colmaron de monumentos y obras públicas que hoy pueden
contemplarse como ciertos indicios de su esplendor y calidez.
No olvidó a Italica. Rediseñó la ciudad conforme a los modelos de Oriente. Testigo de
esta voluntad ornamental pueden verse hoy una escultura de Venus de tipo alejandrino,
una cabeza y torso de Adonis y una escultura de la diosa de la caza.
XI.Sucesión.
En el año 138 Adriano adopta como heredero a un senador maduro, Antonino, pero le
exigió que adoptara a un joven, Verus, hijo de Lucio Ceionio Cómodo, conocido como
Lucio Elio Cesar, junto a su sobrino, Marco Annio Vero, más conocido como Marco
Aurelio.
Su anciano rival y cuñado, Julio Serviano, cónsul por tercera vez, y su nieto, Pedanio
Fusco, sobrino nieto del emperador, no admitieron este cambio de criterio. La decisión
ocasiona que Serviano intentara revocar la decisión, y ante su fracaso, incitase un golpe
de Estado orquestado por Salinator que quedó desbaratado. Los culpables fueron
ejecutados en el año 136 y quedó garantizada la voluntad hereditaria de Adriano.
La doble adopción impuesta a Antonino tuvo su antecedente en Augusto, que había
hecho una exigencia similar a Tiberio.

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Puede que Adriano no fuera admirado por muchos, pero todo el imperio, desde las
provincias hasta Roma, le deben un periodo de prosperidad y de paz que ha sido
calificado por autores como el más equilibrado y fecundo intelectualmente de toda la
historia romana.
Esta es la historia, muy resumida, de un hombre que todavía hoy levanta pasiones por
su modo de vivir, de pensar y gobernar. Un emperador amante de la perfección y la
eficacia.
Hoy se descubren nuevas perspectivas que arrojan datos sobre una vida con distintas
facetas y que indican lo difícil que es calibrar el semblante de los hombres con
informaciones sesgadas o corruptas , cuando no inexistentes.

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