Un país no existe solo para sí mismo. Las naciones deben asimismo contribuir a la enorme aventura de la humanidad. Yo diría que solo alcanzan su sentido más hondo cuando son útiles asimismo para otros países. En el caso portugués, fuimos, primero, una nación de reconquista, desde el siglo XII. Después, desde los comienzos del siglo XV, efectuamos la primera globalización. Dirigiéndose al infante D. Henrique, el cerebro de la expansión marítima lusa, Pessoa lo dice en versos algo grandilocuentes: “Dios quiso que la tierra fuera una. Que el mar uniese, ya no apartase. Te consagró y fuiste desvelando la espuma” y así se vio “la tierra entera, de pronto, surgir, redonda, del azul profundo”.
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