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El colegio del futuro para los pequeños con autismo: “Son invisibles para todo el mundo”
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En dos mil nueve a Julia le detectaron autismo. En ese instante la pequeña tenía solo 18 meses y su madre Ana María, que era maestra de música, cuenta que no sabía nada de la enfermedad. Aunque su hijo mayor tenía Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDH), era una problemática con la que «más o menos se podía lidiar» en el momento de que asistiera al colegio. Mas lo de Julia fue para su madre «el remate final»: «Los médicos me dijeron que mi hija iba a ser como una planta. Había que regarla, por el hecho de que si no se moriría, pero no iba a hacer nada. En ese momento lloras un tanto, porque hay que llorar. Mas con el tiempo se te van secando las lágrimas».

Ana María dejó su trabajo para ocuparse de su hija y comprender un tanto mejor qué era esa enfermedad y en qué iba a cambiar sus vidas. Con los años llegó a la conclusión de que pese a vivir en la villa de Madrid la oferta educativa pública para los niños con espectro autista era, a su juicio, insuficiente,…

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