El mercado europeo de carburantes ha dado un giro radical en pocos meses. Si en el mes de noviembre del año pasado el litro de diésel llegó a estar veintiuno céntimos más costoso que la gasolina en España, una brecha sin precedentes, hoy el gasóleo cuesta diecisiete céntimos menos que su principal rival en los surtidores. Este cambio de tornas habría sido muy difícil de pronosticar en ese tramo final de 2022: entonces, la UE quemaba las últimas etapas antes de la prohibición a las importaciones de crudo ruso —que terminó de llegar el pasado cinco de febrero—, los márgenes de refino estaban por las nubes y las petroleras se embarcaban en una operación acopio de diésel para hacer en frente de lo que estaba por llegar. Los más agoreros eran legión.
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