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El último pastor de los dromedarios
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La lluvia empezó a caer de forma incesante sobre las dos jaimas, las cabras se resguardaban del agua bajo una acacia, los dromedarios daban pequeños saltos de alegría. Era una mañana que había empezado con una fuerte tormenta de arena que provenía del este. El niño iba con su cuenco acompañando a su padre, el sol estaba cubierto de nubes claras que procedían del sur. El padre dio unos pasos sobre la arena mojada mientras el pequeño dejaba las gotas de lluvia caer dentro del cuenco. Deseaba llevarle a su madre el agua de lluvia para hacer el primer té de la mañana.

El pastor de los dromedarios se distanciaba cubierto con su turbante, buscaba un pequeño habitáculo de ramas para resguardarse del agua. Yo seguí dentro de la jaima cerca del brasero donde la mujer preparaba el primer té de la mañana. Comencé a pensar en la idea de un gran diluvio, un mar de lluvia que cubra la arena después de muchos años.

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Sentí pavor…

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