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¿Han fallecido las tradicionales rebajas de enero?
elconfidencialdigital.com

Hace diez años se eliminaron los periodos de rebajas. Desde entonces, grandes y pequeños comercios ofrecen promociones a lo largo de todo el año. ¿Quién ha salido ganando con el cambio?

La última vez que fuimos de rebajas corría el verano de dos mil doce. Unos meses antes, el Gobierno sacó adelante una ley que lo cambiaría todo en lo que se refiere a los periodos de descuentos. Sus efectos se hicieron apreciar en distintos campos, entre ellos, los hábitos de compra de los consumidores.

La nueva normativa liberalizó completamente las rebajas, ya antes limitadas a dos etapas del año: verano e invierno. En verdad, el contenido de esta nueva ley terminó totalmente con las rebajas tal y como se conocían. Desde su entrada en vigor, no habría un periodo obligatorio ni una franja mínima de descuentos ni restricciones sobre el género de prendas que podían estar sujetas a esa promoción.

¿Qué impulsó la necesidad de terminar con las rebajas?

Antes de examinar los pros y los contras de los consumidores y los vendedores, es esencial saber qué impulsó la idea de eliminar las restricciones de los descuentos. Es decir, ¿qué necesidad tenía que repasar la normativa ¿Qué posibles motivos incitaron su modificación?

“Lo que ocurrió fue que la moda rápida, que propiciaba la entrada continua de colecciones nuevas en las cadenas de tiendas, hizo que el consumidor dejase de sentir la emergencia de adquirir durante la época, por si se agotaban las tallas, y que pudiese aguardar a comprar en rebajas”, argumenta Neus Soler Labajos, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. “Las tiendas precisaron poder motivar el consumo entre los periodos de rebajas, y presionaron lo bastante para lograr un cambio de normativa que les permitiera hacerlo”, agrega.

El pequeño comercio, el gran perjudicado

Desde la aplicación de la nueva ley, los comercios pueden decidir por sí solos qué periodos de descuentos les resultan convenientes más en función de sus necesidades. “Esto quiere decir que pueden liquidar productos o compilaciones cuando lo consideren recomendable y dejar libres sus estanterías para la entrada de nuevas colecciones”, señala Soler, quien considera este aspecto como la principal ventaja para los comerciantes.

Ahora bien, “en contraparte, el enorme inconveniente es el perjuicio que la medida crea al pequeño comercio, que no puede competir ni equipararse con el grande pues no tiene margen suficiente (las condiciones que acepta el pequeño comercio al adquirir el producto de su distribuidor no pueden equipararse con las de las cadenas, ya que estas adquieren un volumen de producto considerablemente mayor, lo que les permite obtener unas condiciones considerablemente más favorables)”, afirma la experta.

“El pequeño comercio no puede asumir la rotación de producto que tienen las cadenas y, aunque le convendría poder motivar el consumo, no puede hacerlo mediante continuas promociones que le devoren el margen”, agrega. En suma, “la liberalización de las rebajas deja al pequeño comercio desprotegido, y a la merced de que el consumidor escoja adquirir en la cadena que ofrece la promoción y pase de largo del suyo, que no tiene tal promoción”, concluye Soler.

Ana Isabel Jiménez-Zarco, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, comparte esta línea de pensamiento: asegura que el pequeño comercio no cuenta con las herramientas adecuadas y suficientes para aguantar estos periodos de rebajas no contemplados de forma tradicional, tanto por los horarios como por los descuentos en sí, que se “comen” el margen de beneficio.

Parece que, para salvar esta situación, el pequeño comercio no tiene más opción que adaptarse a las nuevas circunstancias. Por una parte, tal como afirma Jiménez-Zarco, “muchas de las tiendas físicas asimismo tienen tienda online, por lo que la estrategia debería ser compartida”. “Por el otro, el hecho de que el usuario pueda adquirir en cualquier punto del planeta a través del comercio on line hace que el comercio tradicional se vea obligado a ser más flexible en lo que se refiere a horarios y plazos de entrega, si desea hacerle frente”, agrega la especialista.

Un arma de doble filo para el consumidor

El hecho de tener a su predisposición productos con costos rebajados casi todo el año ha hecho que el público, generalmente, haya modificado sus hábitos de compra. “El consumidor ahora sabe que el comercio encadena los periodos de descuentos y que, en consecuencia, si no aprovecha unas rebajas, va a poder beneficiarse de las que vengan rápidamente a continuación”, señala Soler. En este sentido, la activa de promoción constante implantada en los comercios ha hecho que “el consumidor pierda el sentido de la ocasión, o sea, que no se vea apremiado por el hecho de no poder aprovechar el instante adecuado para comprar a mejor coste”, añade.

Además, la desaparición de las ofertas acotadas en el tiempo no es algo 100 por ciento positivo para el público. En verdad, para la profesora Soler, “ahora, aunque el consumidor tenga múltiples ocasiones a lo largo del año para adquirir un producto rebajado, ya no puede adquirir ese producto que el comercio no había vendido durante la temporada y que rebajaba para deshacerse de él, pero que era de gran calidad”.

Y es que, “desde el momento en que se producen colecciones destinadas a venderse de forma directa en periodos de promoción o rebajas, el producto ya no es de calidad”, advierte. “Por ende, el consumidor paga algo menos por un producto que no es de calidad, al paso que en el pasado pagaba mucho menos por un producto de gran calidad”, añade.

Por su parte, la profesora Jiménez-Zarco muestra una visión claramente beneficiosa para el público y resalta aspectos como “la posibilidad de comprar a cualquier proveedor a un precio más ajustado y poder elegir entre hacerlo en tiendas físicas o a través del comercio on-line”. “El beneficio no es solo contar con de productos a un precio más bajo, sino también la variedad cuando otros aspectos, como la entrega o la forma de pago”, asevera.

Las rebajas on-line marcan el ritmo

Tanto el comercio digital como el presencial o físico se rigen por la Ley de Ordenación del Comercio Minorista, que en su artículo veinticinco establece que las rebajas pueden realizarse a criterio del comercio en lo que se refiere a fecha y duración. “Las dos modalidades están sujetas a la misma normativa, pues, en definitiva, será el mismo comercio el que realice la venta, sea física o digital”, remarca Soler.

De hecho, los periodos de descuentos son los mismos en ambos casos. Aun, en ocasiones, son más limitados en el planeta digital, como ocurre en el Cyber Monday, una jornada para las compras que se efectúan solamente on line. Este género de rebajas ha ido cuajando gracias a la consolidación de las compras por la red, como “otro tipo de promociones que no eran propias del país, como el Black Friday. Esta campaña llegó a través del comercio online, mas ha acabado extendiéndose a las tiendas físicas debido a que las grandes cadenas la han implantado tanto en sus ventas en línea como en las convencionales”.

Precisamente, una de las muchas consecuencias del éxito del Black Friday es que “la gente puede adquirir en promoción a lo largo de esta campaña anterior a Navidad, por lo que puede lucir la adquisición durante las fiestas y aprovechar el producto más tiempo que si lo adquiriera en enero, a las puertas de un cambio de temporada”.

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