El primer año de aplicación de la reforma laboral pactada ha transformado nuestro mercado de trabajo en una doble dirección positiva. De un lado, la reducción de los márgenes legales de temporalidad laboral, conjuntada con el incremento de la flexibilidad empresarial en la contratación indefinida, en especial a través de modalidades de fijos discontinuos adaptadas a determinadas estructuras productivas, nos está acercando, rápidamente, a la media europea de contratos temporales. De otro lado, el mantenimiento de las fórmulas de flexibilidad laboral de anteriores reformas, conjuntado con la potenciación de las suspensiones contractuales y reducciones de jornada por causa empresarial, está consiguiendo una gran contención del empleo frente a las dificultades económicas de las empresas, dando continuidad a la lección aprendida en la pandemia. El enorme aumento de contratación indefinida favorece la flexibilidad laboral interna, como alternativa a los despidos, lo que supone una transformación evidente frente al comportamiento destructivo de empleo de anteriores crisis. Este acelerado cambio ha sido posible por el acierto normativo equilibrado, desprendido de anteriores polarizaciones políticas, mas, substancialmente, por la implicación sindical y empresarial en este proceso con la debida adecuación a estructuras productivas heterogéneas.
Seguir leyendo