El trofeo corporativo entra en el palmarés de los Premios Delta 2026

La ADI-FAD distingue la colección de trofeos y placas diseñada por Jordi Pla Sabaté y Jordi Blasi Mezquita para Sustain Awards.
Un cilindro estriado cortado en diagonal. Una lámina que se sostiene sobre uno de sus cantos. Un prisma facetado con una sola cara lisa. Son trofeos: objetos hechos para premiar que esta vez han sido los premiados. La colección que forman, diseñada por Jordi Pla Sabaté y Jordi Blasi Mezquita para Sustain Awards, ha recibido uno de los 17 Deltas de Plata de los Premios Delta 2026, en la categoría de Complementos y herramientas.
El fallo se dio a conocer el 22 de julio en el Disseny Hub Barcelona. En esta 43.ª edición, la ADI-FAD —Asociación de Diseño Industrial del FAD, que convoca los premios desde 1961— ha concedido 11 Deltas de Oro y 17 de Plata entre las 422 propuestas presentadas, por decisión de un jurado internacional formado por Michael Anastassiades, el estudio Big-Game, Luis Eslava y Pilar Chiva. Las piezas premiadas pueden verse hasta el 6 de septiembre en la exposición Diseño industrial y cultura del diseño, que reúne los 203 productos seleccionados por la asociación.
El jurado describió la colección como «una reinterpretación minimalista y brillante de un mercado conservador que demuestra que la celebración puede ser a la vez altamente personalizable y profundamente sostenible».
Un sistema, no una figura conmemorativa
La colección se organiza en dos familias de sobremesa —tótems y placas— que parten de un repertorio de formas básicas: el disco, el cilindro, el prisma, la lámina. Los modelos se distinguen con claridad entre sí, pero en todos reaparecen dos recursos: el corte oblicuo, que secciona el volumen y le retira la simetría, y el contraste entre una cara lisa y clara —donde se lee el reconocimiento— y un cuerpo de textura bruta. Los ensamblajes se resuelven por encaje, sin herrajes ni tornillos a la vista.
Esa geometría, deliberadamente limpia, es también una decisión productiva: permite la fabricación en serie y es compatible con procesos estándar de mecanizado y grabado, de modo que cuerpos, bases y caras de lectura se combinan en un sistema modular con un amplio abanico de configuraciones. Piezas quietas, pero no rígidas.
Materiales sin maquillar
Cada material entra en la colección con su superficie al descubierto: el plástico posconsumo reciclado, moteado y de aspecto pétreo; el hormigón, con el grano de los áridos reciclados que lo cargan; la haya certificada FSC, con su veta intacta, y las redes de pesca recuperadas, con la fibra prensada de su segunda vida. No hay lacas que igualen el tono ni recubrimientos que oculten el origen: el acabado es el propio material. De ahí que dos piezas del mismo modelo nunca salgan idénticas. La colección se completa con cerámica, caucho reciclado y acero con fracción reciclada.
El trofeo, tratado como objeto de diseño
El mercado del trofeo ha vivido durante décadas instalado en la estética recargada, los materiales de alto impacto y una personalización que rara vez pasaba de la placa grabada. La colección premiada trabaja en la dirección contraria: geometrías esenciales, materiales de origen trazable y un sistema modular que lleva la circularidad más allá de la pieza, hasta el modelo de negocio y la distribución.
Competir en Complementos y herramientas —donde se evalúan funcionalidad, ergonomía e innovación formal— implica aceptar ese examen: el trofeo deja de ser un artículo promocional y se mide como lo que es, un objeto cotidiano que alguien conservará en una estantería durante años.
